La Assemblea participa en la «Catalunya Week»

En la Universidad Erasmus de Rotterdam, el Instituto de Estudios Sociales de La Haya organiza cada año una semana sobre un conflicto actual. Este año, los estudiantes han decidido hacer una ‘Catalunya Week’ en La Haya: un día con una charla sobre la lengua catalana, que se llevó a cabo el martes 29 de mayo, y otra jornada sobre el proceso de independencia de Cataluña, el próximo viernes, 1 de junio. La Assemblea Nacional Catalana participa con la presencia de la secretaria nacional Eva Riera.


Los objetivos de esta semana son, por un lado, informar sobre los motivos de aquellos catalanes que quieren independizarse de España y debatirlo. Por ello, se han invitado tanto académicos como representantes de formaciones políticas, como Junts per Catalunya, ERC, ANC y Podemos.

 

Uno de los otros temas de debate es la temática de la lengua catalana dentro del ‘cuadro de una nación sin estado’. El consejero Lluís Puig estaba invitado, pero finalmente ha declinado el ofrecimiento por problemas de agenda y ha enviado un vídeo.


Intromisión de la administración del Estado
La «Catalunya Week», sin embargo, ha sufrido las injerencias de la embajada española. Por un lado, su presión ha obligado incluso a retirar de la agenda de la universidad la actividad programada. Y por otro, la embajada española ha impuesto un quinto participante en el debate político. En este sentido, desde la Assemblea Nacional Catalana se ha denunciado este enésimo ataque del Estado español a la libertad de expresión, de asamblea y la libertad académica.


El Comité internacional de los estudiantes ya ha denunciado también en su página de Facebook las injerencias de la embajada y piden ‘apoyo para poder discutir en libertad sobre asuntos controvertidos’.


Este no ha sido el primer episodio polémico que protagoniza la diplomacia española. En el año 2014, la embajada española en La Haya ya censuró una presentación de «Victus», la novela de Albert Sánchez Piñol sobre los hechos de 1714, en el Instituto Cervantes de Utrecht. Debido a las presiones de la embajada, el Instituto Cervantes tuvo que cancelar el acto.